Movimiento Independiente de Libre Expresión Social

Este espacio esta pensado para compartir opiniones sobre la politica argentina y nuestra situacion como sociedad, tratando de desentramar aquellas cosas que estan ocultas y que nadie quiere contar. Compartamos entre todos nuestras opiniones, impresiones y esperanzas. Siempre con respeto y con argumento. Todos juntos podemos.

Cuando la muerte llega de manera inesperada es un golpe duro. Para todos, porque te hace acordar que también te vas a morir.

A las 8.30 de la mañana los diarios no reflejaban otra noticia que la del censo. A las 9 el panorama cambió repentinamente.

La muerte de Néstor Kirchner se difundió rápidamente y fueron los canales Crónica y C5N quienes se adjudicaron la primicia.        

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A partir de la muerte de Néstor los medios televisivos cambiaron su programación habitual para dar lugar a un raid informativo que duro casi 3 días. El miércoles 27 y el jueves 28 no se habló de otra cosa que no fuera la gran noticia.

Alrededor del mito de la muerte siempre se construyen otros mitos. Así pasó con Néstor, que se fue convirtiendo en mito en vivo y en directo. Sucede con más fuerza porque él ejercía poder en la actualidad y era el conductor del movimiento kirchnerista. Este mito provocó las más diversas reacciones. Comenzando por aquellos enemigos de Néstor, que pusieron un tono de respeto ante su muerte, tal vez por el sentimiento de culpa asociado a ese proceso biológico.

Casi todos los medios de comunicación nos dieron una lección de cómo el capitalismo construye mitos, y lo hicieron todos, los oficialistas y los opositores. De golpe Kirchner pasó a ser la persona más buena del mundo, a quien todos le acentuaron sus logros y escondieron sus errores. Y ya no había más que agregar. La fábula se había echado a andar y no se detendría nunca más. Tal vez haya que esperar mucho tiempo para que los verdaderos logros y errores de Kirchner salgan a la luz. Hoy Néstor forma parte de un pasado idealizado, una gran costumbre argentina.

Así estaban los que asquerosamente festejaban, los que decían lo que debían decir, los que decían lo que querían decir y los que ya analizaban el futuro político de nuestro país sin que el análisis tenga mucho que ver. Seguramente Rosendo Fraga va a sufrir las consecuencias de sus análisis fuera de lugar.

El mito se fue conformando a pasos agigantados. Primero los medios opositores que cubrieron el hecho con un, por lo menos raro, respeto. Varios medios gráficos sacaron a la calle producciones especiales para la fecha. Otros se encargaron de disfrazar la alegría en forma de análisis político.

Mientras tanto, los medios oficialistas elevaron su imagen a semidiós. Generando títulos que aludían a una gran pérdida, un gran hombre, un ídolo. Aquel que cambió el país. Incluso aparecieron piezas de humor gráfico que apelaban al golpe bajo para generar una identificación.

Aún peor fue la puesta en escena que armó 678. El mercenario productor Diego Gvirtz, lo llamo así porque cambia de discurso dependiendo de donde venga la plata, juntó a muchas personalidades del espectáculo para que dieran un último adiós multitudinario. Todo muy lindo si no fuera porque en realidad esto esconde el conocido truco de juntar muchos artistas, adjuntarlos a un gobierno, para generar en la gente el pensamiento de “miren quien me apoya, tan equivocados no debemos estar”. Así los artistas, fracasados y talentosos, lloraron para las cámaras, como si la militancia fuera eso. Tal vez el caso más visible sea el de Florencia Peña, que con sus desafortunadas declaraciones quedó al mismo nivel que Fraga.  También me pareció hipócrita que salga a defender el lugar de mujer de Cristina Kirchner cuando en 2005 interpretó a un personaje que denigraba a todas las mujeres. Quizás en su incipiente militancia, ese pasado haya quedado en el olvido.

Con estas dos miradas falseadas perdimos de vista la realidad una vez más.

El único resquicio de aire menos contaminado fue internet, que mostró la realidad un poco menos distorsionada. Los blogs y los foros se llenaron de gente que quería opinar, cansada del manejo de los medios.      

Como era de esperarse también hizo su aparición el machismo de esta sociedad, que rápidamente se puso a pensar que podría hacer esa mujer sola, que pareciera, nunca supo gobernar sin la presencia de su marido.

Me pareció de muy mal gusto y de una irresponsabilidad inaudita que muchos profesionales, de la salud y de la política, quisieran instalar, en ese proceso del mito, que Néstor dio la vida por una causa. Es ilógico decir algo así. Primero porque es un consejo muy malo para aquellas personas que sufren las mismas afecciones cardíacas que Kirchner. Segundo porque si uno está convencido de una idea, es estúpido perder la vida por ella, lo necesario es que la vida se estire lo más que se pueda para que esa idea se concrete.

Después llegó el pueblo a despedir al líder, otra vez el pueblo llorando por un líder, sufriendo por esa ausencia paternal, que cada vez nos hace más vulnerables y dependientes a un mesías. Es por eso que siempre convertimos en mártires a los líderes. Este es un proceso que se hace de manera inconsciente, una señora llegó a decir “dio su vida por nosotros”, ¿en qué otro mito leí eso? ¿Hasta cuando un pueblo seguirá necesitando un mesías? Creer en un mesías y esperarlo con ansias es una forma de auto-flagelamiento, es creer que uno no tiene la capacidad necesaria para construir transformaciones colectivas que no dependan de UNO. Mientras se sigan creando estos mitos seguiremos sin madurar como pueblo.

Para que el mito sea completo faltaba la lluvia, y llegó. El cielo llora como el pueblo dijeron. También faltaban las teorías conspirativas y ya están dando vueltas.                                                                                                                    

 

Divide y vencerás dijo Julio Cesar. Divide y reinarás, Maquiavelo. Tienen distintos significados y contextos de aplicación, pero en realidad no importa, lo que realmente importa es que quien los usa es el capitalismo. Este sistema se apropió de todo lo dicho y lo hecho para querer hacernos creer que no hay otra historia que la capitalista, que más allá del capitalismo no hay nada, parafraseando al movimiento peronista parece ser que los días más felices siempre fueron y serán capitalistas.

El inicio del siglo XXI se trata de esto, de dividir. La historia de Latinoamérica está marcada por la división, porque hay un supuesto resurgir de los ideales progres, tapados por décadas de dictaduras militares y democracias neoliberales. Sudamérica está polarizada en dos bandos, los progres y los fachos, la derecha y la izquierda, los demócratas y los golpistas. ¿Pero es exactamente así? ¿Es todo blanco o negro? ¿Acaso no es una continuación de la lógica capitalista que se maneja con el discurso único? Esto o aquello, no hay otra posibilidad.

Estamos en un momento histórico marcado por una gran mentira. No hay buenos ni malos, los que dividen son todos malos. Y malos de los jodidos, aquellos que son capaces de apropiarse de discursos y mezclar todo con tal de mantener el poder en sus manos. Los gobernantes se visten de progresistas, pero falsos, amagan por izquierda y salen jugando por derecha. Hay mayor distribución de la riqueza, sí.

Hay mayor presencia del Estado en las políticas económicas y sociales, también. Pero, ¿estamos mejor? Y sí, estamos mejor porque las economías de los países desarrollados se desplomaron y esto dio lugar a que los países subdesarrollados emergieran, galopando sobre las commodities y el petróleo. A mayor ingreso de divisas mayor caja, con democracias de corte progresista es inevitable distribuir la riqueza. Aún así la pobreza, el hambre, el desempleo siguen existiendo. Casualmente problemas que son la esencia del capitalismo, que no sólo provoca sino que se nutre de ellos. Mientras esto no cambie no hay discurso progresista que valga.

El discurso que predomina en Chávez, los Kirchner, Correa (excluyo a Evo Morales porque su origen indígena lo hace representante de una minoría excluida y dominada) es que todo aquel que se oponga a su gestión o se atreva a realizar alguna crítica es funcional a la derecha, etiqueta muy utilizada por estos días. Eso no es progresista, no abrir el juego a la pluralidad de opiniones es una de las grandes falencias de estos líderes, que además denotan una actitud autoritaria. Eso tampoco es progresismo. Seguramente este ensayo puede ser etiquetado como funcional a la derecha.

Estos líderes carismáticos, populistas y demagogos han sabido construir poder a través de la utilización del discurso de identificación con las minorías. Estas han apoyado sus gobiernos con mucho énfasis, pero el quiebre llegó cuando la fachada progresista comenzó a caerse a pedazos. Eso si es funcional a la derecha, todos estos gobiernos lo único que logran es mantener dividida a la población, dejando que una parte de la sociedad sea captada por la derecha. Además entierra al progresismo, que queda asociado al populismo y a la corrupción a gran escala, dándole poder a la derecha oligarca y monopólica de nuestro continente, que espera tranquila el derrumbe para recuperar el poder perdido.

De esto se trata, de la pelea por el poder, por el poder estatal, el económico, el mediático. Nada cambia justamente porque el Estado, pilar fundamental del sistema capitalista, no es desarmado. Por eso todo sigue igual. La pelea es por quien acumula más poder, del área que sea, porque lo importante es tener poder. Poder que perdió esa derecha recalcitrante y que ha tratado de obtener mediante golpes de Estado. Pueden cambiar los gobernantes, pero el Estado sigue vivo.

Los golpes de Estado a Chávez en 2002, a Zelaya en 2009 y a Correa en 2010 fueron hechos por esa derecha que perdió el poder. Siempre con la complicidad de Estados Unidos, que sin embargo se ha despegado de todos. Porque la estrategia es otra, el tiempo de las dictaduras militares en América Latina se terminó, porque a EEUU ya no le convenía. Los militares tienen planes propios y obviamente no les importa el genocidio que llevaron a cabo. Lo que si conviene son democracias adictas y/o corruptas, más fáciles de dominar y con predisposición a negociar con el imperio. ¿Para qué derrocar a Chávez si el 80% de su exportación petrolera va hacia EEUU? ¿Por qué Chávez le vende petróleo al enemigo? Su progresismo no vas más allá de la agitación discursiva.

Como pasa también en nuestro país, donde la Presidente Cristina Fernández de Kirchner dice luchar contra los monopolios, pero sólo lucha contra uno, el Grupo Clarín, y favorece a otros como por ejemplo el nuevo monopolio Telecom-Telefónica. Habría que mencionar el gran favor que se le ha hecho a las compañías de mega minería. El punto clave se encuentra ahí, digo eso pero hago esto.

Mientras el pueblo sigue sólo, a la deriva, sin que nadie lo represente. Viendo como se pasan el poder entre los de arriba, viendo las peleas de los poderosos que se adjudican la defensa del pueblo. Pero al pueblo no lo representa nadie, la transubstanciación de la democracia ha demostrado no servir más que para sostener el poder dominante. Del pueblo no se acuerda nadie más que en el discurso. Si no basta ver cómo se obliga a pertenecer a un bando o a otro, como si no hubiera otra alternativa, y aún peor como si el pueblo no fuera quien verdaderamente tiene el poder.

Poco hemos aprendido, seguimos esperando el mesías de la revolución y demostrado está que los mesías quieren poder y no revoluciones. Hasta que no recuperemos el poder perdido y lo sigamos entregando a falsos ídolos, seguiremos repitiendo el pasado

En el día del periodista se podría decir que quienes ejercen esta profesión son personas especiales, tanto que han llegado a creerse el cuarto poder. Si esto es cierto entonces estamos en una debacle imparable. Ojala sea sólo un delirio místico de un perdido. Pero la realidad parece demostrar lo contrario, el delirio místico es masivo.

Dice Tomas Eloy Martínez que hay que recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio. Es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, veces, ser otro. Hoy todo esto se olvido, se tiró a la basura como una fórmula que ya no sirve.

No recuerdo la última vez que el periodista se puso en el lugar del otro por el otro mismo y no por el mero hecho de dar a conocer información. Es más, el otro ya no es otro, es un número, una cifra, una anécdota. Cuando veo a un periodista cubrir una noticia me sorprendo al ver que la opinión que dan sobre el hecho tiene que ver más con el perfil editorial del medio en el que trabajan que con la gente a la que presentan. Y esto se debe a que si el periodismo es el cuarto poder ya forma parte de la esfera de las instituciones capitalistas antes que de la esfera de la población. Ha decidido escindirse de la sociedad y pasó a ocupar un lugar en el poder, porque allí se vive bien y si no molestan adquieren una notoriedad que no van a tener nunca si fueran meros buscadores de verdades, o sea, si fueran periodistas.

El periodista se convirtió en una vedette pensando que el apoyo de la gente estaba basado sólo en su persona. Gran error, la población busca periodistas confiables, que estén del lado de la gente y por eso los siguen. No los idolatran por carismáticos sino por comprensivos, por auténticos. Pero esa idolatría le abrió un hueco en el poder y allí se insertó, cómodo, pensando que el amor del pueblo durará para siempre. Mientras tanto aprovechó de la coyuntura para seguir fogoneando la dicotomía que hoy envuelve a nuestro país. Todos se la juegan por el Estado o se la juegan por los monopolios. Por el pueblo casi nadie, los que lo hacen resisten desde una radio comunitaria, un diario de poca tirada o un blog. Y nada más, el pueblo y dos o tres locos defendiendo el lugar del periodismo en la sociedad. La gran mayoría brindando con champagne con los millonarios, festejando que se vendieron 1000 ejemplares más, que consiguieron pauta oficial, que la sintonía de la radio tiene más potencia o simplemente que hay un grupo en facebook que los apoya.

Así lo plantea Margarita Rivière cuando dice que el público mitifica al periodista, lo convierte en una vedette porque no conoce su forma de trabajar y que un reto es la transparencia sobre la profesión del periodista. Eso, justo eso, transparencia, para que las personas sepan que para que puedan leer una nota en un diario o escuchar una noticia en una radio hay miles de tipos que laburan detrás de eso, sin feriados, con horarios full time y laburos full life, por supuesto ganando mucho menos que lo que gana el periodista que transmite y sin obtener nunca un reconocimiento.

También agrega Margarita que la pérdida de credibilidad viene determinada por el mal trabajo de tantos periodistas que se convirtieron en puros portavoces de intereses inconfesables, incapaces de esforzarse en su propia formación y libertad. La credibilidad se fue demasiado rápido y ahora es casi imposible de recuperar. No es mejor el periodista que trabaja para el gobierno que el que trabaja para los multimedios, los dos son parte de la misma porquería. Como dice Rivière: “Esta situación ha transformado el periodismo, en general y con todas las excepciones obligadas, en un club de charlatanes a sueldo.”. Hoy, por ejemplo, el fotoperiodismo esta en caída por las fotos amateurs, más baratas y más rápidas. Pero sobre todo porque la gente se cansó de ver pasar la información y ahora quiere formar parte de ella. Mientras, las empresas aprovechan el bajo costo.

Asistimos, tal vez, a la caída más estrepitosa de la profesión. Creada por los dueños de las 10 mega cadenas que manejan los medios, pues el manejo que estos hacen de la información para servir a sus propios intereses ha hecho degradar no sólo la calidad de la información sino también al oficio de periodista. Y a su vez impulsada por los propios periodistas que en lugar de cuidar su lugar en la sociedad se asociaron con esos poderes dándole la espalda al pueblo y perdiendo así toda chance de reputación.

Se cansó la sociedad de noticias falsas, de informaciones tendenciosas, de periodistas vedettes, se cansó de que la ningunearan unos tipos que decían buscar la verdad para que la población sepa lo que estaba pasando cuando en realidad estaban creando una burbuja para el pueblo, respondiendo a intereses que tienen que ver con, vaya curiosidad, los enemigos del pueblo.

Igual se veía venir, el periodismo ideal, aquel que busca la verdad constantemente, aquel que está con y para el pueblo, no es rentable. Y la plata es llamadora, los ideales no valen nada. Dijo alguna vez Jorge Rial (no es el mejor ejemplo pero vale): “cuando apareció la guita me olvidé del anarquismo ¿a quién no le gusta vivir bien?”. Parece que los periodistas de hoy prefieren vivir bien.