Creo que hoy nos encontramos ante una situación que requiere unidad, compromiso y participación como comunidad para superar los problemas en los que nos vemos envueltos como seres humanos. En mi opinión una muy buena salida a esos problemas es la desobediencia civil. Esta acción colectiva nos permite involucrarnos directamente en los asuntos que nos afectan como comunidad, tomando el toro por las astas, haciéndonos cargo de nuestro poder como individuos integrantes de una comunidad que se ve derruida, derrotada y desesperanzada.
Recuperar ese espacio que fue entregado bajo un consenso que hoy no se respeta, es uno de los objetivos de la desobediencia civil. Reivindico la democracia directa.
La democracia representativa ha mostrado sus limitaciones, sus deficiencias, a tal punto que demuestra que no es una democracia. Digo esto porque en realidad, los candidatos políticos que se presentan en las elecciones acceden a ese puesto debido a que tienen más dinero que otros para financiar sus campañas. Esto se ve claramente hoy en día, pero lo que se esconde es que los candidatos que logran presentarse, ya sea ganando una interna partidaria o llegando a una elección con un partido propio, lo pueden hacer porque están aceptados o porque representan a aquellos que tienen el poder económico. El candidato debe representar los intereses del poder económico, del establishment. Si no representa esos intereses el camino a ganar una elección se verá bloqueado por acciones defensivas del sistema que evita que personas que quieran cambiar la estructura capitalista lleguen al poder.
Es que en realidad la característica fundamental de nuestras instituciones sociales (corporaciones-religiones-gobiernos) es la necesidad de la auto preservación.
Es por eso que nunca se ven cambios significativos para la sociedad, siempre hay obstáculos a superar cuando los cambios son en pro de los seres humanos. La lucha es tan ardua que mientras se gana un beneficio para lograr la igualdad, se perdieron muchos otros. Cada paso que damos dentro del sistema capitalista a favor de la igualdad para toda la humanidad, es un paso en falso. En realidad siempre estamos retrocediendo.
Aunque esto parezca pesimista, no lo es. Es en realidad el punto de partida para decidir cambiar la situación. Puede causar terror y desesperación entender ciertas cuestiones relacionadas con la pseuda democracia en que vivimos, pero visto desde otro punto es el inicio de un tiempo nuevo, abierto a construirse, sabiendo de antemano cuales fueron los errores del pasado.
Ante esta situación la desobediencia civil es la alternativa para comenzar el cambio. Creo que es el camino porque rompe con la ley existente, porque se desata cuando el gobierno cierra los canales de diálogo con la población y desatiende los reclamos o cuando el gobierno, en complicidad silenciosa con los otros poderes, lleva adelante cambios que nada tienen que ver con el bienestar de la ciudadanía.
No obstante, la desobediencia civil debe superar algunas dificultades. Por un lado la asociación con los hechos violentos. Nada más lejos de la desobediencia civil que la violencia. Rotular a una acción colectiva de desobedientes como violenta es un movimiento de ataque que produce el sector dominante para matar al mensajero. La población ve con malos ojos los actos de protesta violentos, y es sabido que existen muchas formas de convertir un acto pacífico en uno violento, ya sea por infiltrados o por provocación de las fuerzas de seguridad o de grupos de presión afines al receptor del reclamo.
Por otro lado la desobediencia civil debe lidiar con el desinterés de la población. Falta de interés que no está relacionada con la poca importancia que la gente le da al poder que tiene, sino que está relacionada con mecanismos del sistema que provocan que las personas estén distraídas con otras cuestiones o que prefieran el status quo antes que un futuro incierto. Como ejemplo de esto se viene a mi mente que en esta clase se ha dicho que el Estado es la otra cara del capital y que nunca va a defender los intereses de la ciudadanía porque está para cuidar los intereses del capital y nadie se inmuto. Tal vez yo sea exagerado pero a mí me provocó angustia esta situación, no sólo porque se ve que no hay reacción ante tales revelaciones, sino que además funciona en cada uno una especie de cepo que hace que reprimamos esa sensación de gritar muy fuerte algo que todos deberían saber. Salir a protestar por algo que no debería ser como es, a demostrar que ya no nos pueden mentir más. Pero el silencio gana las calles, tal vez porque ya incorporamos que de nada sirve gritar en un mundo de sordos, tal vez porque ya conocemos el castigo de los que gritan, tal vez porque yo estoy bien y que me importa el otro o tal vez porque ya hay otros que hacen y yo sólo se quejarme. Y entonces todo queda en nada.
Como siempre, los ciudadanos nos acostumbramos a aquello que ayer nos parecía horroroso. Ese es un mecanismo aún peor de este sistema. Que convierte a las personas en entes que a medida que se acostumbran a las injusticias pierden parte de su vida, integrando un sistema que todos sabemos que es fatal, pero nadie hace nada.
Y es que a mi entender, este sistema que está basado en el beneficio y la escasez es el culpable de todas las patologías y penurias que sufre el ser humano. Digo que está basado en el beneficio porque es lo que logra el capitalista al vender su producto a un precio determinado y también basado en la escasez puesto que es lo que permite que las mercancías tengan un precio alto.
Ningún producto es abundante, es su escasez (que en varias oportunidades es generada) la que lo hace rentable. Así también la mayoría de los productos no tienen sostenibilidad, son defectuosos y deben ser reemplazados por productos nuevos en un corto tiempo de uso. Eso permite que la industria siga en movimiento. Por lo que se deduce que sostenibilidad y abundancia no van a existir bajo este sistema ya que va contra la naturaleza de su estructura.
Otra de las penurias que sufre el ser humano es tener que lidiar con su supuesta naturaleza violenta, con sus impulsos codiciosos o envidiosos, con la venganza y la falta de auto control. Creer que es natural en el ser humano ser violento es lo que lleva a tener que sellar un pacto entre ellos y entregarle el poder al Estado, que se encargará de cuidar que no se maten entre sí.
El ser humano siempre creó estructuras o instituciones que manejaran el poder, que lo cuidaran. Dios, la Iglesia, el Estado, la Familia, el Sindicato, etc. Todo esto creado bajo la excusa de que es mejor que otro se encargue de ese poder, porque naturalizó que él no es capaz de controlarlo.
Para mí esto es una falacia. El ser humano es capaz de controlarse a sí mismo y no está gobernado por pasiones violentas. La violencia, la codicia, la envidia no son actitudes provocadas por el temperamento humano son, en realidad, todas actitudes que se adquieren en sistemas basados en el dinero.
Estas acciones, sumadas al miedo a la escasez, se crean y se amplifican porque en este sistema tenemos que luchar y competir contra los demás para sobrevivir.
Sin el dinero, muchos de los crímenes de hoy no existirían, porque virtualmente la mayoría de las formas del crimen son consecuencia de los mecanismos de este sistema, ya sea directamente o por la neurosis que provoca el tener que trabajar para poder tener dinero para poder comer, mientras competimos con otros y tratamos de resolver las miles de dificultades que se nos presentan a diario. Todo esto nos mantiene en un estado de alerta que provoca que no tengamos paz ni exterior ni interior. Un estado de alerta que no es para defendernos de la dominación del sistema sino en defensa de otros seres humanos que nos quieren atacar.
Está todo tan bien calculado que provoca que uno enloquezca tratando de entender cómo funciona o tratando de romper con esas barreras.
Volviendo a los crímenes creo que en realidad las leyes que funcionan para mantener la convivencia no son más que parches prohibitivos que limitan conductas. Las leyes hechas por el ser humano son intentos de lidiar con los problemas que ocurren y, al no saber cómo ni querer resolverlos, aparece la ley sin examinar la raíz que provoca el comportamiento.
Un ejemplo de lo anterior, es la ley que prevé bajar la edad de imputabilidad penal de los menores a 14 años. En lugar de solucionar el problema de la pobreza y la educación, lo que se hace para evitar llegar a la raíz es lanzar una ley que prohíba y castigue tales actos para encerrar a aquellos que atentan contra la seguridad de la sociedad. Y entonces esa receta mágica va a evitar que los niños criminales salgan rápidamente libres.
Y así las leyes excluyen y encierran a los locos, criminales, sediciosos en diversas instituciones y excluyen y encierran, o sea integran, a los ciudadanos “normales” en la sociedad.
Por eso hay que romper con todas estas estructuras, y también romper con las estructuras mentales que tenemos naturalizadas de que el mundo y el ser humano son así. Y que no hay nada mejor que esto. Es aquí donde aparece la desobediencia civil. Entra en escena para poner en la esfera pública discursos que están ocultos, problemas que nadie ve, voces que nadie quiere oír.
Sirve la desobediencia civil para romper el período de letargo por el que atraviesa el ser humano. O como dice el diccionario, Letargo: Síntoma de diversas enfermedades, consistente en un estado de somnolencia profunda y prolongada.
Podemos, como colectivo salir a protestar, ir contra el sistema, expresarnos en paz pero firmes para que ningún mecanismo rompa esa unión.
Y continuar. No descansar hasta que las barreras se levanten, las estructuras se caigan. Hay que evitar que la desobediencia civil se contamine con ideologías, porque eso provocaría que choquemos contra otros que tengan un pensar ideológico diferente al nuestro. Y entonces estaríamos encerrándonos en lugares donde se pertenece o no se pertenece según la ideología.
Además la ideología en este mundo de mercancías, se compra y se vende de acuerdo al mejor postor, cambia de color, se enmascara y se pudre.
La desobediencia civil debe empaparse de un ideal, y el ideal es la igualdad.
Este sistema hoy nos vende que todos somos libres e iguales. Tal afirmación no ocurre nunca en ninguna esfera. No hay libertad porque no hay igualdad.
Hay miles de límites que recortan solapadamente la libertad. Es más, aquellos actos que dicen ser a favor de la libertad, ocultan en su base un daño colateral a la libertad. Por ejemplo la guerra contra el terrorismo, que permite que agencias de inteligencia revisen absolutamente todo lo que los ciudadanos hacen para descubrir posibles terroristas. Ni hablar entonces del recorte a la libertad que se les produce a aquellas personas sospechadas de terroristas o el ataque a países que supuestamente apoyan y esconden células terroristas.
Es un gran negocio matar y hacer guerras, es más, hay un aparato industrial-militar que gobierna el mundo junto con los bancos, encargados de hacer guerra donde sea y contra quien sea con tal de generar divisas. Y sin embargo el
capitalismo prometía en sus orígenes paz para todos los ciudadanos.
Es cuando hay guerra que la desobediencia civil gana las calles. Pero todavía hay gente que cree que hay enemigos en todos lados y que merecen morir. Ahí es cuando dejamos de creer en Dios porque estamos nosotros para matar o dejar vivir a los seres humanos.
Algo que es preocupante es que los colectivos de desobedientes tengan aún estructuras mentales que provocan que no se puedan juntar con otros colectivos para formar un gran colectivo que es la humanidad.
Pareciera que hay una barrera que no nos permite ver la lucha del otro como compañera de la nuestra. Aún cuando encaramos un acto de desobediencia civil contra el gobierno o contra el poder económico dominante no nos podemos librar de la desconfianza que tenemos en los demás ciudadanos. Estas son barreras que hay que romper.
La desobediencia civil no puede pasar como acciones colectivas públicas pero aisladas y esporádicas. Porque en ese caso sólo estarían cumpliendo un objetivo particular que responde sólo a ese colectivo y no a la mayoría. Y cuando el objetivo se cumple y las demandas son atendidas total o parcialmente el grupo de desobedientes se dispersa.
Y no propongo que el colectivo se institucionalice ni se burocratice, sino que vaya dos pasos más allá. Que pueda por un lado superar la espontaneidad y la fugacidad, que pueda mantener la protesta en un tiempo prolongado. Y por otro lado que pueda formar una unidad con toda la ciudadanía para demandar un cambio profundo.
Cuando uno acepta que esta fuera de la ley como desobediente se ve libre de los límites que impone el sistema para protestar y es ahí cuando se produce la ruptura con las normas establecidas, y eso permite que se pueda ir más allá. Porque sino, lo que sucede es que una vez llevada a cabo la protesta y alcanzado el objetivo, el colectivo de la desobediencia vuelve a encerrarse en los límites legales.
Y es por eso que pienso que hay que luchar por la igualdad. Porque es el principio de libertad.
Mientras no seamos iguales algunos van a ser más libres que otros por las facilidades que les otorga su posición dominante.
Hoy en día nos enfrentamos a un desafío muy importante: y es luchar por la igualdad que anteriores revoluciones prometieron y no cumplieron. Es que en realidad una minoría se apoderó del poder sometiendo a la mayoría. Poder que les permitiría otorgar libertad e igualdad a toda la humanidad.
Estamos en un momento clave de la historia de la humanidad. Es el camino que aparece bifurcado. O seguimos adelante con el mismo sistema y los mismos problemas y nos condenamos a desaparecer cuando el planeta diga basta y nos borre de un plumazo para preservar su propia existencia. O damos un golpe de timón y planteamos una nueva cultura unida a la capacidad del planeta de soportarnos.
Y para esto, remarco una vez más, es clave la desobediencia civil, con el ideal como bandera y abarcando a toda la humanidad que desea ser libre.
El cambio propuesto por todos para todos. La igualdad y la libertad para todos.
Rompiendo las cadenas que nos hacen estar atados y acostumbrados a este mundo infeliz, inseguro, mortal.
Aunque suene apocalíptico, a mi entender no tenemos otra opción. Y es que el camino se cierra solo por más que nosotros no queramos que eso suceda. Podemos pasar por esta vida tratando de entender todo para que cuando lleguemos a la madurez digamos “una vez que me aprendí las respuestas me cambiaron las preguntas”, o podemos hoy decidir hacer de lo más pequeño, como lo es la unión con otro, lo más grande y lo único provechoso que puede hacer el ser humano.
Bienvenidos!
Aún el más pequeño cambio positivo representa una esperanza para el futuro.
En el mundo somos MILES los que queremos cambiar algo.
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